allá donde sólo llegan las
almas en las que la mar florece
y he visto diamantes carmesí
espuma de arena
y corazones latiendo
incandescentes
que me recuerdan venganzas
flamígeras fraguadas en testas de cerilla.
Me he topado con combates
entre tazas y tenedores quijotescos
con el precipicio abismal
tras las palabras
cuando el silencio asola con
su vértigo cruel
y pido perdón
por si acaso mi sombra se ha
alargado hasta el infinito
propiciando la dictadura de
las luciérnagas.